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Fecha: 20 de Abril del 2003

Autor: MAR GALTÉS



EN TODA EMPRESA HAY SITIO PARA DISMINUIDOS



Hace unos años tuvimos que ocultar el taller: las empresas preferían hacer donativos a encargarnos trabajo”


Icària no es una multinacional ni factura cientos de millones. María José Pujol tampoco es una ejecutiva agresiva forjada en universidades norteamericanas. Pero la historia de Icària Iniciatives Socials, que no se puede separar de la de María José Pujol, su fundadora y directora gerente, es ya un caso empresarial de los que se estudian en las escuelas de negocios, uno de los pocos que demuestran que, a veces, las empresas pueden ser económica y socialmente rentables a un tiempo.

Icària es una empresa de serigrafía que forma parte de un grupo de entidades destinadas a la formación e integración de disminuidos psíquicos. En el 2002, Icària creció un 6% y facturó 1,95 millones, “pese a notarse la crisis”. Tiene más de un centenar de empleados, de los que 67 tienen discapacidad. “Nuestro objetivo no son los beneficios, sino crear puestos de trabajo para disminuidos. Tenemos que facturar más para invertir en empleos.”

No hace muchos años, Icària tuvo que ocultar su factor diferencial ante los clientes. “Las empresas preferían hacernos un donativo antes que encargarnos trabajo, porque no se fiaban. Entonces optamos por enseñar sólo muestras y precios, pero nunca el taller. Y ahora ya tenemos una cartera de más de 300 clientes que nos avalan”, explica Pujol. Icària tiene cuatro secciones: serigrafía, offset, tampografía y textil, con clientes como Raventós i Blanc, Hoteles NH, Flamagás, DKV Previasa o MRW. “Somos competitivos como cualquier otra empresa. Lo único diferente es que necesitamos subvenciones para compensar una menor productividad.”

La empresa fue creciendo y como “no podíamos cubrir los salarios que nos pedían para un experto gestor”, Pujol (Barcelona, 1954) decidió estudiar un máster en la escuela de negocios Eada, que añadía a su licenciatura en Pedagogía Terapéutica. Icària, que acaba de recibir la medalla President Macià al mérito al trabajo, es la tercera mayor sociedad anónima laboral de Catalunya; el 15% de las acciones está en manos de profesionales no disminuidos; el 40,7%, de trabajadores con disminución, y el resto, de otros socios.

Desde el 2000, la legislación española obliga a las empresas de más de 50 trabajadores a contratar a un 2% de disminuidos. Es papel mojado. Aunque existe otra forma de cumplir la ley: comprar bienes o servicios a centros especiales de trabajo o hacer donaciones a fundaciones, dos vías que también ayudan a Icària a crecer.

Pujol asegura que la desconfianza a la que se enfrentaron desde su fundación les ha obligado a ser muy escrupulosos en el trabajo. Y está convencida de que las empresas no contratan a disminuidos sólo por desconocimiento. “Es como si a mí me mandas a comprar mangos: no sé si tienen que estar rojos, verdes, o amarillos. Para eso, los centros especiales de trabajo les aconsejamos y les proporcionamos trabajadores. Creo que en todas las empresas hay un puesto para disminuidos.” Por ejemplo, alumnos de Taiga sirven en la cafetería del Ikea; en Icària se celebra como un triunfo cada incorporación de uno de sus chicos al mundo laboral.

Que Icària sea una imprenta no es casualidad: se creó para dar una salida profesional a los niños que salían de la escuela especial. “Escogimos las artes gráficas con criterio pedagógico. Es un oficio fácil de enseñar y se detecta de inmediato si el trabajo está bien o mal hecho.” Pero la iniciativa empresarial no acaba aquí: ahora tienen en marcha la apertura de un albergue juvenil en Barcelona.

María José Pujol estudiaba Biología cuando encontró trabajo de maestra. Allí descubrió que a algunos niños les costaba más aprender y que la misma escuela los daba por perdidos, sin embargo, “si te dedicas a ellos, aprenden”. Esa escuela cerró y en 1976 decidieron abrir la escuela Taiga. Pero al terminar la escuela, “esos niños y sus familias necesitaban un proyecto laboral. Los colocábamos de botones o de repartidores, pero cada vez hay menos oferta de estos empleos. Y decidimos enseñarles un oficio”. Además de Icària y Taiga, el grupo se compone del centro ocupacional Bogatell para las personas más afectadas; dos clubs deportivos que participan en los Special Olympics, una asociación de ocio y dos fundaciones: una tutelar, de ayuda a las familias, y otra privada para promover entre las empresas la ley de Integración Social de los Minusválidos.

María José define como empatía su vocación por los disminuidos: “Me gusta cómo son porque no controlan sus emociones y eso les proporciona comportamientos y relaciones muy sinceras y directas. Se sienten orgullosos de lo que hacen y se esfuerzan por hacerlo bien. Tenemos muchas cosas que aprender de ellos”. Y asegura que todas las empresas que contratan a disminuidos “están muy satisfechas: dicen que nuestros chicos crean cohesión en el trabajo porque son muy responsables y puntuales, y encima siempre están contentos”.


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